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El centro Cabria de Puertollano ofrece a los adolescentes un proyecto de atención global basado en apoyo educativo, lúdico y social

Repsol y su Fundación están presentes en este programa a través de la convocatoria de Ayudas Sociales dentro del compromiso de la Compañía de atender las necesidades globales de la población en situación de riesgo. El Centro de Atención a la Familia y Adolescencia Cabria de Puertollano, dirigido por la Federación de Plataformas Sociales Pinardi de la obra Salesiana, desarrolla su labor desde hace casi una década.

Fundación Repsol y el Complejo Industrial de Repsol en Puertollano están presentes un año más, dentro de su convocatoria de Ayudas Sociales a organizaciones que trabajan con colectivos en riesgo de exclusión, en el proyecto que se desarrolla desde el centro Cabria de Puertollano. El objetivo de este centro es fundamentalmente, prevenir aquellas condiciones de riesgo que producen situaciones de marginación futura tanto en las familias como en los adolescentes dentro de sus entornos y sus contextos naturales. 

Cada uno de los chicos de entre 12 y 18 años que cada tarde llenan el centro Cabria, acuden al mismo por motivos diferentes. No es un grupo heterogéneo ni en casuística ni en edad: algunos tienen problemas en casa, otros en el colegio, otros con sus amigos. 

“A ninguno le decimos qué tiene que hacer o pensar” explica Beatriz de la Plaza, técnico de Integración Social y responsable del proyecto Cabria, sino que, al contrario, “les damos herramientas para que ellos puedan gestionar no sólo sus problemas, sino sus emociones, sus estudios y puedan desarrollarse como personas”. 

Defiende que el proyecto Cabria no consiste en “unas clases particulares al uso”. Aunque sí que existe una parte central a lo largo de la tarde que se dedica a reforzar el estudio: “nos sentamos con ellos a escucharles, ¿qué problema tienes en matemáticas, qué problema tienes en lengua? ¿cómo podrías preguntarle esto a tu profesor de otra manera? Y es verdad que cuando mejoramos un poco las calificaciones educativas, la experiencia nos dice que algunas dificultades a nivel familiar ya no lo son tanto”, apunta Beatriz. 

Además refuerzan aquellos conocimientos básicos que los chicos no tienen interiorizados y cuyo desconocimiento van “arrastrando” curso tras curso. Según la técnico, “muchas veces el problema no es que no sepan las ecuaciones de segundo grado sino que a lo mejor no se saben las tablas de multiplicar”, así que a través de juegos de agilidad mental, nemotecnia o juegos de conceptos les ayudan a reforzar e interiorizar esos conocimientos. 

La tarde se completa con deporte y una merienda saludable. Todo bajo unas premisas: ‘compartir’, ‘respetar’, ‘mejorar’. Ester María Aguilar es una de las educadoras que trabaja diariamente en el centro Cabria, auspiciado por Fundación Pinardi, y define este proyecto como un proyecto global de la persona. “Les dotamos – apunta – de las herramientas necesarias, por ejemplo, para desarrollar técnicas de estudio, el saber abrirse y contar un problema”. 

Se trabaja fundamentalmente, explica Ester María Aguilar, la cercanía, el que ellos tengan una zona de confort donde “sentirse a gusto y trasladarnos sus problemas, siempre con el respeto y trabajar la confianza que puedan tener en sí mismos y con los demás”. Después de unos meses trabajando con ellos los resultados son más que visibles: se ve una evolución en todos los aspectos, “lo corroboramos con los padres y con los centros educativos que sí se ve una mejoría en clase, en el patio del recreo,  en casa, a la hora incluso de colaborar en las tareas domésticas”, subraya la educadora.

Los chicos

Hay chicos que llevan años participando en este proyecto y que, a pesar del tiempo, defienden sus motivaciones para estar en el centro día tras días. Oliver lo tiene muy claro: “lo que más me gusta es relacionarme con la gente, para hacer más amistades y conocernos más a fondo, como una gran familia”. Miguel no falta ni un solo día, “porque tengo muy buenos amigos aquí y los educadores me ayudan mucho, yo se lo recomiendo a más gente”. 
Para Ariadna, las matemáticas han dejado de ser un problema, “ya estoy empezando a entenderlas y a que se me den bien, siempre me ayudan con los problemas”, apunta. 
Para Andrea, lo mejor de Cabria es “venir a ver a los amigos” y para Carlos ha supuesto aprobar todas las asignaturas. Marta continúa viniendo curso tras curso porque los valores que le aporta Cabria son innegables. Según ella, “nos realizan como personas, nos enseñan muchos valores para el día de mañana”. Para su tocaya, otra Marta, hay que agradecer “toda la ayuda, todo el apoyo que recibimos”. 
El caso de Piadosa y su hermano, Marcelo es diferente. Ellos vienen de otro país y las dificultades de la lengua y la cultura han sido un obstáculo para integrase. Ella asegura que el centro “me ha ayudado mucho porque cuando vine pensaba que todo iba a ser muy difícil, los estudios, la lengua pero he podido aprobar y también me ha ayudado a relacionarme con otras personas”. Para Marcelo el paso por Cabria ha significado aprender que “cuando alguien te diga que no puedes conseguir algo, si lo quieres, tienes que pelear por ello”. 
Carlos saca un aprendizaje fundamental: “aquí no importan ni el color de la piel ni nada porque aquí te acogen muy bien, los educadores, tus compañeros, todos”. 
Fundación Repsol y el Complejo Industrial de Puertollano colabora con este proyecto como parte de su compromiso con sus entornos más cercanos y con el fin colaborar con la sociedad y las personas que están en situación de vulnerabilidad social.